domingo, 2 de octubre de 2016

EL SUFRIMIENTO DEL CORREDOR DE FONDO

   La tirada larga de esta semana era de treinta kilómetros, debido a que tenía que trabajar el viernes y el domingo, me vi obligado a hacerla el sábado, esa mañana comencé a tomar decisiones que luego acabaría lamentando. Mi primer error fue no dejar el entrenamiento para la tarde y salir a las doce y media del mediodía, entonces la temperatura era de más de veinte grados y tenía muchos kilómetros por delante, las dos botellas de agua que llevaba conmigo resultaron insuficientes para un día caluroso, pero la peor decisión estuvo en salir a la aventura, si iba a correr solo, mejor buscar un lugar por descubrir, ese fue mi pensamiento antes de lanzarme a recorrer la vía del tren reconvertida en sendero verde que discurre entre Carbajosa y Alba de Tormes. Las malas sensaciones de los primeros momentos, lejos de desaparecer, se fueron avivando, el cansancio se apoderó de mis piernas, el calor poco a poco fue profundizando en la piel y el agua que llevaba no lograba mitigar la sed que me empezaba a atormentar. La senda, de rectas interminables, transformó los kilómetros en infinitos, la soledad se convirtió en sufrimiento y la deshidratación en desvaríos, en ese momento fue mi orgullo lo que me impulsó a seguir, la lucha interna por demostrarme que podía llegar me dio fuerzas para continuar avanzando. Con una zancada tambaleante y un sentimiento de derrota pude salir del infierno. Cuando abrí la puerta de casa un pensamiento lúcido asaltó mi cabeza, después de tantos años corriendo me había comportado como un idiota, pero había realizado mi mejor entrenamiento, ese que te recuerda lo que no debes hacer.




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