viernes, 9 de septiembre de 2016

LOS VASCOS Y SU IDIOSINCRASIA

   Primero comienzo definiendo el concepto de “los vascos”: Dícese de varios personajes, pertenecientes al equipo Cazabaches que por haber acudido a la Maratón de San Sebastián han adoptado dicho apelativo. Dentro del grupo han decidido adjudicarse nombres en clave: Andoni, Josetxu, Gorka y Cirineo. Pero, esto no es casual, se trata de un grupúsculo bien organizado dentro de un gran equipo, perfectamente compenetrados en sus desvaríos y unidos por la forma que tienen de entender el atletismo, una filosofía solo apta para unos pocos. La contraseña es siempre la misma, te preguntarán si lo hiciste ayer, la respuesta sólo la sabe el argentino.

   Se caracterizan por tener un cuerpo de botijo; cabeza pequeña y panza abundante. Entrenan como pollos sin cabeza, un día hacen seis kilómetros y al siguiente treinta y seis, pero, eso sí, el ritmo lo marca Tula, la perra de Cirineo, a la que jamás se le ha visto sudar. Recuperan de sus tiradas comiendo huevo con farinato y cerveza. Durante la época estival se convierten en andaluces, esto es, pasan el día a la sombra y lo más increíble de todo es que al terminar las maratones pesan uno o dos kilos más.

   En las carreras establecen su hábitat en la cola del pelotón, donde toman contacto con algún pardillo desprevenido, entonces lanzan como señuelo el cuento de la marrana y poco a poco se van sumando otros curiosos, el desenlace es siempre el mismo, sucumben a la risa fácil y terminan reventados en la calzada. Da lo mismo lo que tarden en acabar una prueba, sus últimos cien metros van a ritmo de Usaín Bolt.

   Que nadie entienda que cuento esto por que no me han admitido en su secta, siempre supe que la marrana tuvo menos crías.


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